Aerogeneradores en el desierto: Sirius: cuando el viento no apaga la sed
Ruth Trinidad Mendoza/ 15-04-26
El viento que mueve las aspas no arrasa con las danzas rituales ni con el camino del sol en el desierto. Para la comunidad wayuu, el territorio es memoria, sustento y espiritualidad. La tierra, como enseñan los mayores, no se posee, a ella se pertenece.

Foto. Parque Eólico SIRIUS. Ruth Trinidad M
La noticia llegó el pasado 24 de marzo con el sello oficial de la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales (ANLA). El Parque Eólico Sirius, una iniciativa de la empresa Mainstream Colombia, recibió la licencia ambiental para inyectar 150 megavatios (MW) al sistema eléctrico nacional.
El proyecto en números, la vida en palabras
El papel habla de 24 aerogeneradores distribuidos en 290,8 hectáreas que abarcan el corregimiento Los Haticos y las veredas Tocapalma y Veracruz, en San Juan del Cesar, y también el corregimiento Badillo, en Valledupar. La licencia contempla la adecuación de 6,4 kilómetros de vías existentes y la construcción de 25,5 kilómetros de accesos internos, además de plataformas de montaje, subestación elevadora y campamentos de obra.
Para campesinos y habitantes de estas zonas, el desarrollo de este tipo de proyectos no solo implica progreso, sino también incertidumbre. El uso del suelo, la intervención de recursos naturales y la transformación del entorno generan inquietudes sobre el impacto real en sus formas de vida, especialmente en una región donde históricamente las grandes inversiones no siempre se han traducido en bienestar para las comunidades.
En el plano ambiental, aunque la ANLA asegura que el proyecto fue evaluado bajo criterios técnicos rigurosos y contempla medidas de mitigación, persisten dudas sobre la intervención de bosques, el uso de recursos hídricos y la ocupación de cauces, aspectos sensibles en un territorio que enfrenta múltiples desafíos ambientales.
Empleo e incertidumbre: dos caras de la moneda
Sirius promete empleo. Wilson Molina, presidente de la Junta de Acción Comunal de Veracruz —una vereda de 178 habitantes que será epicentro del proyecto— lo sabe: “La falta de empleo es mucha y esto viene a mitigar, durante la construcción, el desempleo para las personas profesionales”. Pero la promesa laboral choca con una realidad regional. La tasa de desempleo en La Guajira alcanzó el 11,6% en 2024, la más alta de toda la Región Caribe. La pobreza monetaria afecta al 65,7% de la población. Y la ocupación sigue concentrada en el comercio y los servicios, con una altísima participación de empleo informal.
Una paradoja que se repite
El departamento enfrenta una contradicción profunda. La Guajira se ha convertido en el epicentro de la transición energética del país: se proyectan 31 parques eólicos en los próximos tres años, con una capacidad superior a los 8.000 MW. Sin embargo, el territorio sigue arrastrando necesidades básicas insatisfechas y una infraestructura deficiente. La energía que se genere no será para los guajiros, sino para el Sistema Interconectado Nacional (SIN), que abastece al resto del país. Y no es la primera vez. El sector extractivo, que representa más del 32% del PIB departamental, no ha logrado cerrar las brechas sociales.
Voces que se abren paso
“Sabemos que hay gente que va a entrar al territorio, va a haber ruido y va a haber deforestación (…) Se está gestionando que nos pongan las vías en óptimas condiciones, estamos peleando que nos garanticen energía con un parque de paneles solares”. Asegura Molina. La comunidad no es un actor pasivo. En Veracruz, los 178 habitantes se reunieron con los funcionarios de Mainstream para conocer los impactos y exigir medidas de mitigación. En otros puntos del departamento, las comunidades wayuu han construido sus propias matrices de impacto, porque la matriz de la empresa no reflejaba su realidad.
El desarrollo pendiente
Sirius es una prueba. No solo para la matriz energética nacional, sino para el modelo de desarrollo que se aplica en el sur de La Guajira. La clave está en si esta vez los beneficios serán reales, sostenibles y equitativos. O si, por el contrario, se suma a una historia repetida de promesas que no terminan de cumplirse.
Por ahora, lo que hay en el territorio son expectativas. Y una comunidad que, con razón, espera que esta vez el desarrollo sí llegue de verdad.

Foto. Parque Eólico SIRIUS. Ruth Trinidad M


