“Solo el pueblo salva al pueblo": Dignidad femenina entre los escombros: el rol de las mujeres futboleras en la emergencia tras el terremoto en Cali.
Redacción CP 19-08-26
¿Qué pasa cuando la administración local se queda corta y la burocracia frena la ayuda urgente? En Cali, la respuesta la dieron un grupo de mujeres futboleras que, desde el estallido social, cambiaron las rivalidades por solidaridad. Aquí su testimonio.

FOTO. Colectivo Futbolero Femenino Escarlata
En medio del polvo, los escombros y la desolación que dejó el reciente sismo en el suroccidente colombiano, una voz se alza desde las barras populares para recordar que la solidaridad no entiende de colores, pero sí de territorios. Se trata del Colectivo Futbolero Femenino Escarlata, un grupo de mujeres hinchas del América de Cali que, con la camiseta puesta y el corazón en la mano, han convertido su pasión por el fútbol en una herramienta de transformación social.
De la tribuna a la trinchera
"Nosotras somos el colectivo futbolero femenino Escarlata", dice Adriana Gómez, integrante de esta iniciativa, y que cuenta con la convicción de quien sabe que su rol va más allá del aliento en el estadio. Con presencia en Bogotá y Cali —esta última, una de las ciudades más golpeadas por el movimiento telúrico—, estas mujeres han tejido alianzas con hinchas de otros equipos para dejar atrás viejas rivalidades y enfocarse en lo urgente: atender a las víctimas.
"No solo somos hinchas, somos mujeres de barrios populares que entendemos que la incidencia social es tan importante como ir a la cancha", explican. Y es que, desde el estallido social de 2021, muchos colectivos futboleros comenzaron a cambiar la lógica de la competencia por la de la cooperación, comprendiendo que las problemáticas que atraviesan a la sociedad no distinguen entre camisetas. "Muchos colectivos han venido cambiando la mentalidad de rivalidad frente a las situaciones que nos convergen como sociedad", afirman.
Una ciudad levantada por manos vecinas
Mientras la ayuda institucional tardaba en llegar, atrapada en engranajes burocráticos, la gente de Cali salió a las calles por cuenta propia. "Lo que ha tenido en pie a la ciudad ha sido la solidaridad de las personas", afirman las integrantes del colectivo.
Vecinos removiendo escombros, voluntarios llevando alimentos, rescatistas improvisados, donantes de ropa, insumos médicos y víveres: un ejército anónimo que ha demostrado que la vida comunitaria es más fuerte que cualquier desastre. "La gente ha salido a las calles a ayudar a remover escombros, llevando alimentos para los rescatistas, para la gente voluntaria que se ha abalanzado a querer ayudar, también con insumos médicos, ropa, alimentación para estas personas que de verdad lo perdieron todo, perdieron sus familias, perdieron vidas", relatan.
Sin embargo, advierten que esta ola de apoyo inicial no debe ser efímera. "Son familias que van a tardar muchísimo tiempo en reconstruir sus casas, sus negocios, sus vidas. Necesitamos carpas, insumos médicos y, sobre todo, sostener esta cadena de solidaridad en el tiempo", subrayan.
Crítica a la burocracia y llamado a la autogestión
El colectivo no oculta su descontento con la gestión local. Señalan que la alcaldía no ha estado a la altura de la emergencia: "Han volcado toda su fuerza en hacer de esto un show mediático, dando entrevistas, mientras la misma gente los saca de los puntos críticos porque ya hay mucha rabia y tirria acumulada contra la administración". Denuncian que, en los centros de acopio oficiales, los rescatistas y organizaciones se topan con interminables requisitos y papeleos que retrasan la entrega de ayudas urgentes. "Piden un montón de documentos, un montón de burocracia que no facilita la ayuda que se necesita de manera urgente", critican.
Por eso, hacen un llamado enfático: "Direccionen sus donaciones a fundaciones, organizaciones sociales y liderazgos de base, que son quienes realmente conocen las necesidades del territorio y ponen los recursos al servicio de la gente sin mayor traba". Para ellas, la verdadera red de apoyo no está en las oficinas del Estado, sino en el tejido comunitario que han construido los colectivos futboleros y los movimientos populares.
Una red que se extiende más allá de Cali
La solidaridad escarlata no se queda en el perímetro urbano. Las ayudas han llegado también a los corregimientos y a municipios como Buenaventura, gravemente afectado, y a otras localidades del norte del Valle del Cauca. "Estas redes se están extendiendo", afirman con orgullo, demostrando que la articulación popular no conoce fronteras administrativas.
Y con un enfoque claro en la dignidad: "Como colectivo femenino Escarlata, seguiremos comprometidas con seguir ayudando, con seguir brindando de alguna u otra manera, aportando nuestro granito de arena para brindarles dignidad a las mujeres". Por eso, están recolectando toallas higiénicas, pañitos, pañales para bebé y todo lo relacionado con el cuidado femenino y de las infancias. "Porque la ayuda también debe sostener la dignidad de las mujeres cuidadoras y de las infancias", sentencian.
Un grito que se vuelve principio
"De verdad que aquí hemos entendido a cabalidad la frase de que solo el pueblo salva al pueblo", concluyen, con la voz quebrada pero firme. Y es que, como ellas mismas lo resumen, esa no es una consigna vacía, sino una constatación de la historia reciente de Cali: una ciudad que, una vez más, demuestra que su fortaleza reside en su gente, en sus redes comunitarias y en esa memoria de resistencia que han tejido durante décadas.
Mientras el polvo aún no se asienta y las réplicas mantienen en vilo a los habitantes, el Colectivo Femenino Escarlata sigue en pie, con sus banderas rojas y su compromiso intacto, recordando que el fútbol, como la vida, se gana con el corazón y en equipo.



