El silencio de las 12:30: Memoria y justicia 26 años después de la masacre que partió en dos a Casacará
Yesli Paola Hernández/CP/ 22-06-26
Veintiséis años después de la masacre que partió en dos a Casacará, el corregimiento del departamento del Cesar avanza entre la memoria y la justicia tardía. La condena a alias "El Tigre" por la segunda masacre, los hallazgos de desaparecidos y un plan de reparación colectiva por más de 5.000 millones de pesos marcan un nuevo capítulo. Pero el pueblo que aquel 18 de mayo de 2000 vio ejecutar a cinco de los suyos y desaparecer a otros diez aún espera justicia completa por esa matanza.

Ilustración
La memoria de Casacará, 26 años después
Han transcurrido veintiséis años, pero en la memoria de los casacarenses el mediodía del 18 de mayo de 2000 permanece detenido. La Troncal de Oriente, arteria que conecta los pueblos del Cesar con el Caribe colombiano, se convirtió aquel día en el escenario de una ejecución colectiva que la historia oficial ha nombrado como la Masacre de Casacará. Detrás del término hay nombres: William, Ángel, Edinson, Ciro, Edgar. Hay desaparecidos que nunca volvieron. Y un pueblo entero que aprendió a distinguir entre la noche y el miedo.
I. Las 12:30 del mediodía
El 18 de mayo de 2000 era jueves. En Casacará, corregimiento de Agustín Codazzi, unos ocho mil habitantes se dedicaban a la agricultura, la ganadería bovina y el comercio de lácteos. A las 12:30, un grupo de unos quince hombres armados, vestidos con prendas de uso privativo de las Fuerzas Militares, instaló un retén ilegal sobre la Troncal, a la altura de la finca La Esmeralda. Eran las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), Bloque Norte, comandado por Rodrigo Tovar Pupo (alias Jorge 40) y operado en la zona por el frente Juan Andrés Álvarez, cuyo jefe era Jhon Jairo Esquivel Cuadrado (alias El Tigre).
Los armados hicieron bajar a conductores y pasajeros. Separaron a cinco personas y las ejecutaron en el acto. Otras diez fueron obligadas a subir a un camión; nunca más se supo de ellas. Las víctimas mortales fueron: William Enrique Ríos Villazón (33 años, comerciante), Ángel María Ospina (trabajador independiente), Edinson de Jesús Galvis (comerciante), Ciro Alfonso Guerrero y Edgar Enrique Yance. Tres eran del mismo Casacará; las otras dos familias se llevaron los cuerpos a sus lugares de origen.
El terror ya venía gestándose desde finales de los noventa, cuando el Bloque Norte consolidó su dominio en el Cesar con apoyo de ganaderos. La muerte del alcalde de Codazzi, Gilberto Gómez Gómez (19 de septiembre de 1997), fue una de las primeras señales. Luego vinieron toques de queda, retenes ilegales y asesinatos selectivos. Pero lo del 18 de mayo fue diferente: una ejecución en plena vía pública que dejó claro que en Casacará mandaba la ley de las armas.
II. Segunda masacre: El Tigre golpea de nuevo
Apenas mes y medio después, el 3 de julio de 2000, el horror se repitió. Por orden directa de alias El Tigre, al menos quince hombres armados irrumpieron en la plazoleta principal. Sacaron a cinco campesinos de sus casas y los asesinaron sin mediar palabra. Las víctimas: Ever Enrique Peñaloza Guerra, José Gilberto Martínez Villa (ambos de 36 años), Manuel Joaquín Martínez Villa (26), José Farid Perdomo (44) y una quinta víctima de unos 34 años que, tras 25 años, permanece sin identificar. Todos eran agricultores y obreros, sin vínculo con grupos armados.
El impacto demográfico fue devastador: de los ocho mil habitantes, la población se redujo drásticamente en pocos meses. Familias enteras huyeron. Los negocios cerraron. Las calles quedaron vacías. Testimonios del Centro Nacional de Memoria Histórica y de medios describen un pueblo en el que después de las seis de la tarde nadie quería estar en la calle. El miedo era el único habitante.
III. El camino de la justicia: la caída de los comandantes
Condena a alias "El Tigre"
El 11 de noviembre de 2025, un Juzgado Penal Especializado de Valledupar condenó a Jhon Jairo Esquivel Cuadrado (alias El Tigre) a 40 años de prisión como determinador de la masacre del 3 de julio de 2000, además de inhabilidad de veinte años y multa de 400 salarios mínimos. La Fiscalía estableció que las víctimas eran civiles señalados erróneamente de colaborar con otros grupos. Durante el juicio, El Tigre negó los hechos, pero un testimonio clave de Donaldo José Monzón Pitalúa (alias El Indio) detalló la orden. La condena, en primera instancia, puede ser apelada, pero representa un hito significativo.
Situación de alias "Jorge 40"
Rodrigo Tovar Pupo (alias Jorge 40), máximo comandante del Bloque Norte, fue extraditado a Estados Unidos en 2008. En abril de 2026, la Corte Suprema inadmitió la demanda de casación contra su condena de 60 años por la masacre de Media Luna (San Diego, Cesar, 1996). Aunque no corresponde directamente a Casacará, la decisión confirma el patrón criminal del comandante bajo cuya cadena de mando operaban El Tigre.
IV. El estado de reparación: ¿justicia tardía o incompleta?
Casacará fue reconocido como Sujeto de Reparación Colectiva (SRC), único corregimiento del Cesar con esta categoría. La Unidad para las Víctimas ha implementado un Plan Integral. En mayo de 2026, organizaciones campesinas hicieron seguimiento a los acuerdos: la inversión supera los 5.239 millones de pesos, con catorce acciones reparadoras que incluyen indemnización colectiva por más de 719 millones. Sin embargo, la Contraloría advirtió un "rezago crítico" en la reparación colectiva a nivel nacional. El dinero no reemplaza la memoria.
Búsqueda de desaparecidos
En noviembre de 2025, la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD) recuperó tres cuerpos en zona rural de Agustín Codazzi, correspondientes a campesinos desaparecidos en 2001. Para las familias que esperan saber qué pasó con los subidos al camión el 18 de mayo de 2000, este hallazgo es una luz tras 26 años.
Memoria histórica.
El Centro Nacional de Memoria Histórica publicó "Narrando nuestra historia", un ejercicio colectivo que recoge testimonios de sobrevivientes y reconstruye el tejido social roto por la violencia paramilitar.
V. El presente: un pueblo que se niega a desaparecer.
Hoy, Casacará no es el mismo, pero tampoco es un pueblo derrotado. Sus aproximadamente diez mil habitantes, muchos retornados, reconstruyen lo que la violencia destruyó. La economía se reactiva con palma africana (Palmas Oleaginosas de Casacará), minería de carbón, y emprendimientos artesanales y lácteos. El Estado ha anunciado proyectos: 12.449 millones de pesos para un acueducto; la Unidad de Restitución de Tierras ha financiado talleres de confección y ebanistería. En marzo de 2025, Drummond Ltd. entregó mejoras viales; la comunidad inauguró una nueva cancha de fútbol.
El 18 de mayo de 2026, los habitantes no se reunieron para llorar, sino para recordar y afirmar que la oscura noche ya pasó. Los líderes comunitarios hablan de construir paz desde abajo, desde la memoria y el trabajo colectivo. Las calles vuelven a tener vida, los niños juegan, los campesinos salen a trabajar sin mirar atrás. La memoria no es resignación: es un acto de resistencia.
Nota del editor: Las víctimas de la masacre del 18 de mayo de 2000 no han recibido reparación judicial individualizada. Los responsables de esa masacre continúan en proceso de identificación y judicialización. La Fiscalía mantiene abierta la investigación; se esperan nuevas imputaciones. La comunidad de Casacará sigue a la espera.


