top of page

Mientras la guerra recrudece, la búsqueda de 5.915 desaparecidos del conflicto en Cesar y La Guajira se convierte en una carrera contra el olvido

Ruth Trinidad Mendoza 04-09-26

5.915 familias en el Cesar y La Guajira esperan una respuesta que el tiempo no ha dado. La búsqueda, que antes era un peregrinaje a las ciudades, ahora camina por los territorios: 115 municipios recorridos, 702 huellas de memoria recogidas. 

  • X
  • YouTube
  • TikTok
WhatsApp Image 2026-09-02 at 8.07.28 PM.jpeg

FOTO. Corresponsalías Populares

Hay una fotografía que no envejece en el cajón de una casa en Urumita. Hay una fecha que una madre repite en voz baja cada vez que alguien pregunta por su hijo. Hay una última conversación que una hermana guardó como si fuera un tesoro, porque después de esa tarde, el teléfono nunca volvió a sonar. En el Cesar y La Guajira, 5.915 veces se ha repetido esa historia. Y en cada una de ellas, una familia aprende a convivir con la misma pregunta abierta: ¿Dónde está?


El tiempo, para quienes buscan, significa aprender a caminar con una ausencia que pesa lo mismo que una montaña. Y precisamente allí, en la Serranía del Perijá, donde las montañas se vuelven caminos de tierra, es donde la búsqueda ha decidido cambiar de dirección.


Durante años, las familias tuvieron que hacer el recorrido inverso. Salir de sus casas, tomar buses destartalados, recorrer kilómetros de carretera destapada y llegar a las ciudades a golpear puertas de instituciones que, muchas veces, solo ofrecían papel sellado y promesas. La búsqueda era un peregrinaje de quien ya no tenía fuerzas, pero se negaba a rendirse.


En 2026, la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD) salieron a buscarlas a sus territorios. En apenas un mes, habían recorrido 115 municipios, corregimientos y veredas en 21 departamentos. Atendieron a 1.189 personas. Tomaron 702 muestras biológicas que ahora esperan en laboratorios, a la espera de devolverle un nombre a un rostro olvidado.


La montaña también habla
En el sur de La Guajira, la geografía no perdona. Para llegar a Urumita hay que atravesar polvo y calor, y después dejar atrás el vehículo y continuar a pie. La serranía es un laberinto de caminos de herradura, fincas abandonadas y cementerios dispersos donde la violencia sembró cuerpos sin nombre.


Allí, en 2024, la UBPD recuperó cinco cuerpos en tres predios distintos. Habían estado enterrados en la montaña durante años. Y luego, en noviembre de ese mismo año, ocurrió algo que parecía improbable: la entidad realizó un acto de memoria para entregar los restos de Huber Simón, un hombre que había desaparecido en diciembre de 2002. Su familia había esperado más de dos décadas. Veinticuatro años de preguntas, de fotos desgastadas, de noches en vela. Veinticuatro años hasta que la montaña, por fin, devolvió lo que había tragado.


Marzo de 2026 trajo otra jornada. Los buscadores volvieron a recorrer esas mismas serranías. Caminaron por senderos donde el único ruido es el viento y el crujir de las ramas secas. No iban solo a excavar; iban a verificar, a descartar, a delimitar. Porque en la búsqueda humanitaria, saber que alguien no está en un lugar también es un paso adelante.


Las mujeres que sostienen el hilo
Si hay un rostro visible en esta historia, es el de las mujeres. Madres, esposas, hermanas, hijas. Son ellas quienes guardan los documentos amarillentos, quienes recitan las fechas de memoria, quienes conservan la última camisa que usó su ser querido esperando que algún día, el olor se convierta en presencia.


La ruta se teje con las comunidades: con las juntas de acción comunal, con los líderes indígenas, con los campesinos que conocen cada vereda y cada recodo del río. En una charla de pueblo, una pregunta aparentemente ingenua puede desbaratar años de silencio: ¿Quién vivía en esa finca?, ¿por dónde pasaba aquel camino?, ¿Qué pasó allí aquella noche? Las respuestas están fragmentadas entre varias personas, pero cuando se juntan, reconstruyen el mapa del horror y, con él, la posibilidad de la paz.


El desenlace no es uno solo
No todas las búsquedas terminan igual. Hay familias que reciben un cuerpo y pueden enterrarlo con dignidad. Hay otras a las que la vida les da un milagro inesperado y encuentran a su ser querido con vida. Hay quienes solo obtienen una muestra de sangre que, quizás, algún día coincida con un perfil genético. Y hay quienes, simplemente, siguen esperando. En el Cesar, 4.645 nombres. En La Guajira, 1.270. En total, 5.915 historias que no han cerrado su último capítulo.


Al final de la tarde, cuando los buscadores guardan sus equipos y se preparan para bajar de la montaña, queda en el aire la certeza de que hay una pregunta que todavía no tiene respuesta, pero que ya no viaja sola. Ahora camina acompañada. Y cada paso, cada conversación, cada recuerdo rescatado, acerca un poco más el final de esa espera interminable. Porque, aunque el tiempo no devuelve lo que se fue, la memoria, cuando se busca, siempre encuentra un camino.

bottom of page